Birth

Ahora es cuando escribo un cuento que empieza bien y termina mal. Así es. Como leyeron. Una breve historia, acomodada y resumida para ser leída en esta nueva era en la que la paciencia no abunda y los buenos escritores, tampoco. De hecho, si hay alguno, este no es el caso. La historia es simple. No hay que esperar más. Empieza bien, un día de escuela, y termina fatal, con muerte incluida. Tragedia.

Veamos. (Aviso: no hay diálogos, solo un insoportable monólogo).

Ese primer día comenzó todo. Ese año. Me quedó de esa época el olor a perfume por las mañanas. Las adolescentes, más bien, pre-púberes, estaban bañadas de acné y maquillaje, como si se tratara de una relación causa y efecto entre ambos factores -cosméticos excesivos y piel destrozada-. El pelo largo y mojado, en tanto, también pasó a formar parte de mi look matinal de esa época. Por lo visto, estaba de moda usar gel en esos años. Quizás hoy también. No sé, no soy peluquero. Nunca pude entender como alguien tenía tanto tiempo para semejante preparación a esa hora de la mañana. Ni hablar de los floggers que plagaron las calles con sus pelos planchados y pantalones coloridos. Qué bueno que se extinguieron.

Los nervios y la timidez aún me acompañan. No es nada característico de ningún momento histórico de mi vida, pero en ese momento estaban en su máximo esplendor. Era un bicho flaco e intrometido. La delgadez ya la perdí. La timidez a veces la disimulo.

Pero bueno, creo que me estoy yendo por las ramas. Lo importante es ese primer día. Creo haberlo mencionado antes. O no sé. Era el primer día de clases. Me acuerdo como si fuera ayer, y eso no es mucho decir porque tengo una pésima memoria. Apenas recuerdo lo que almorcé.

En fin, lo importante es que era el primer día. Yo tenía una remera verde que me quedaba horrible. Brazos delgados, como dos alfileres, y una expresión de indiferencia ante los nuevos acontecimientos que me esperarían. Quizás todo podía salir mal. Quizás me equivocara y me metiera en otro salón, para luego ser señalado por la profesora y hacer el ridículo. Quizás el miedo a eso me hacía actuar así. El miedo. Creo que esa postura persistió en mí por mucho tiempo. Como si yo no estuviera ahí y me hiciera el superado. Una cosa horrible, en verdad, pero real.

Fue así que comencé una nueva etapa de mi vida. Nuevos amigos. Nuevos enemigos. Todo nuevo. La repetición no la puedo modificar. Por eso se reiteran palabras, porque la vida se transformó en eso. Por tres años fui a ese colegio. Viví en una rutina aburridísima. En la repetición hasta al hartazgo de conductas que sabía que tenía que cambiar pero no lo hacía. Sin embargo, rescato buenos momentos y el aprendizaje tardío de muchas cosas. Como la escritura de canciones. Y es así como escribiría mi futuro. Un futuro que describiré más adelante. Pero ese primer día, fue diferente. Ese día, no hice lo correcto.

Lo importante en esta historia no es si era el primer día, el último –de hecho, lo fue- o uno más del montón. Lo importante era ella. Sí. Una joven. Me releo y me parece espantoso. “Una joven”. Bueno, una adolescente, digamos, aunque ya usé esa palabra más arriba. Dejémoslo en “una joven”. Se llamaba Azul, tenía pecas -aunque ella lo negara-, pelo rubio; soñaba con convertirse en escritora y emanaba bondad y sensualidad. Un combo explosivo y hermoso.

Fue gracias a mi cobardía que la conocí. Salí de la escuela, espantado ante mi posible futuro, y me tomé un tren que iba a Monte Grande. La huida fue fácil. Estaban todos entrando. Fingí que entraba, pero lo hice en la dirección contraria. Básico. Se aprende en cualquier película de espías o en los sueños.

Por suerte la estación estaba a una cuadra del colegio. De Banfield a Monte Grande. ¿Cuántas estaciones hay? Tenía que tomar el que iba a Ezeiza. Lo tomé. No pensé. Pareció un viaje rápido. Vagón vacío. Me bajé.

Una vez en tierra firme, me senté en un banco de la enorme plaza que vi allí. Había mucho sol. Yo seguía con la mochila en mi espalda y unas ganas de dormir en mi cabeza. Tampoco había desayunado, así que me sentía un poco débil. Decidí sentarme en un banco y reflexionar sobre la vida –o simplemente hacer tiempo hasta que me dé ganas de hacer algo-. Fue entonces cuando la vi. Estaba sola y hojeaba un libro de una saga de vampiros, sentada en frente mío. Solo levantó la cabeza y me sonrió de manera nerviosa, y nunca más volvió a mirar a su alrededor. Se ve que se enganchó en la lectura o se asustó con mi cara. Esperemos que sea la primera hipótesis.

Cansado de esperar a que me volviera a mirar, me levanté de manera histérica y me fui de nuevo a la estación. Mi día de aventuras había terminado. Mi vida de aventuras, no.

Lo llamativo es que nunca más la volví a ver. Bueno, eso era de esperar. Pero déjenme continuar: Lo llamativo es que nunca más la volví a ver, hasta que arranqué la facultad. Ahí está el asunto. Pero tardé años en darme cuenta de que se trataba de la misma chica. Fue cuando vi ese libro en su biblioteca que reaccioné y caí en la cuenta de que se trataba de la misma persona. Qué loco, ¿no?

Todo esto que cuento parece mentira, pero es real.

Se lo dije y no me creyó. Acerté el año y el mes en que compró ese ejemplar. Di datos precisos: que se sentó en una plaza a leer sus primeras páginas. Que lo había comprado ese mismo día –de hecho, vi la bolsa en la librería donde lo había conseguido-. Todo.

Pero no me creyó. Me acusó de fabulador. Dijo que estaba harta de mis mentiras y yo respondí que el destino nos había unido desde un principio. Que ahora todo tenía sentido, y que éramos el uno para el otro.

Tampoco me creyó y me pidió que me fuera de su casa.

Tengo para mí que hay misterios que no se tienen que develar nunca. Así como el arte no se explica, el amor tampoco. No busquen los motivos ni los comienzos. Solo disfrútenlo.

La cuestión fue que ese día en su biblioteca personal me di cuenta de quién era ella y de lo poco que sabía sobre su vida. Algo que me maravillaba. Como esa gran frase que reza “lo que seduce nunca suele estar donde se piensa” y es en el misterio en donde encontramos el deseo. La distancia y el deseo, el misterio y lo demás. Todo contribuye a un combo perfecto de enamoramiento. Sin embargo, mientras más sabía de ella, más me imantaba. Más tarde comprendí que el conocimiento no trajo nada nuevo. El amor ya estaba allí.

Ella era como una hermosa pintura abstracta que no comprendía, pero me transmitía algo hermoso. Y ese día, muchos años después de haberla visto por primera vez, cerró el círculo de nuestra experiencia y pude comprenderlo. Y se lo dije. Y me odió. No logró comprenderme o yo no me pude expresar. Ella no se dio cuenta y arrancamos una nueva etapa.

Y pasó.

Nos seguimos amando y volvimos a descubrir nuevos misterios. Mejor dicho, se develaban algunos y aparecían nuevos. Porque de eso se trata. De renacer, cumplir ciclos y volverse a conquistar mutuamente. Cierra algo y se abre algo. Y así pudimos enfrentar una nueva etapa, que también es digna de otro cuento. Uno muy lindo y errático, y sobre todo, muy bueno.

De todas formas, siempre cambiamos y nos seguimos amando. Como un ave fénix de los sentimientos. Renace a cada instante, aunque nunca muere, llega a su punto máximo y evoluciona en una nueva y diferente forma de relación. A veces baja, eso sí. Pero va bien.

Ok, ya sé, no es el final trágico con muertes que anuncié, pero ese final lo tenemos todos. No valía la pena escribirlo. Ya se puede imaginar. Esto solo es una breve historia poco creíble pero interesante, con el amor como condimento. Con el amor como disparador y la cursilería como paradigma. Pero bueno, soy un ser sentimental y trágico. Y era hora de que le diera forma a esta historia que rondaba en mi cabeza y me librara de ella. Y así, encontrar en la misma musa el nuevo y viejo amor. El deseo, la distancia y el acercamiento. El amor y la alegría. La tristeza y la belleza. Y así cerrar un capítulo para escribir el siguiente. Fin.

 

Anuncios

27 Comments

  1. Mai Sipis

    ¡Hola! Te felicito por tan buen relato, me gustó muchísimo, además de que me sentí familiarizada porque soy conocedora de los sitios que nombras.
    Me encantaría leer más, me pareció muy interesante.
    ¡Saludos!

    Me gusta

  2. Vanesa

    Un relato muy muy bueno, me ha gustado mucho la historia aunque esperaba un final más trágico pero es un resumen perfecto de la vida: llena de comienzos y aún más de finales que no son siempre como nos gustaría.. muaks

    Me gusta

  3. Fedra

    Hola! Me fascinó tu relato, está genial! Me gustaría leer más sobre eso y también que estuviera acompañado de imágenes, para hacer todo aún más interesante. De verdad te felicito 🙂

    Me gusta

  4. sharonmarlety

    Un monologo sensacional, me has enganchado de principio a fin, digno de deleitarse con una rica taza de café por la mañana, una historia mágica que te envuelve en varias emociones y situaciones, te lleva de la mano, gracias por compartir.

    Me gusta

  5. Mel

    ¡Wow! Me ha gustado muchísimo el relato. Me he enganchado desde el principio. Creo que tienes muchísimo talento y que deberías seguir escribiendo. ¡Yo estoy deseando leer el siguiente relato! Este me ha parecido muy inspirador. ¡Gracias por compartir! 🙂

    Me gusta

  6. Cami a l'estel

    Buen relato, incluso diría que corto ;-). La vida son muchos finales y nuevos inicios de ciclo, la vida es cambio constante, aunque a nosotros nos cueste, ya que no hay dos días iguales…simplemente tenemos que disfrutar de cada día
    Saludos
    Odina

    Me gusta

  7. lennylemonade

    Hola, al comenzar a leer tenía un embole bárbaro pero sorprendentemente me enganchó la historia. Lo único que no me gusto es que la cerraras tan abruptamente. Pero rescato tu forma de redactar. Me pareció agradable de leer.

    Me gusta

  8. Raquel

    Yo me había imaginado un final trágico de verdad, estilo final japonés, con muerte por puñal y todo, aunque el final verdaderamente final ya se que es la vida, el anuncio trágico avisó mi imaginación.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s