El poder de la literatura

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“Prohíbese en todo el territorio de la Nación la distribución, venta y circulación del libro y secuéstrense los ejemplares correspondientes…” Si la literatura es y era considerada efímera, sin resultados políticos concretos ¿Cuál fue la necesidad de que el Boletín Oficial decrete, durante el periodo de dictadura militar en la Argentina liderada por Jorge Rafael Videla, entre 1976 y 1981, que se censuren diferentes publicaciones entre las que se encontraban obras literarias?

Uno de los debates que se dan en torno a la literatura es sobre su carácter político y los efectos prácticos que ella conlleva. El escritor Mario Vargas Llosa, considerado uno de los más importantes novelistas y ensayistas  contemporáneos, se coloca en un punto intermedio entre los divergentes bandos formados entre esta problemática; No considera a la literatura como algo meramente político ni tampoco como algo extremadamente alejado de él. Si bien es verdad que es incomprobable saber si la literatura cambia sociedades o que con los textos de grandes escritores vanidosos se puede combatir una realidad histórica –que es el deseo de ellos-, Vargas Llosa considera que la literatura tiene un efecto político cuando el que lee una obra es afectado por ésta y de esa manera es que se convierte en instrumento de acción. Es decir, esa afección que se produce al leer una obra literaria, es la forma más visible de efecto político porque forma ciudadanos alertas.

Sin embargo, la buena literatura tampoco es aquella que está completamente alejada de la política. Para Vargas Llosa si la literatura solo se concentra en entretener, está pérdida ¿Cuántas fuentes diversas de entretenimientos tenemos gracias a la tecnología y a los medios de comunicación? Y si de entretenimiento hablamos, entonces la literatura pierde batalla contra esos medios ya que ella, a diferencia de los demás, sí exige un mínimo de esfuerzo intelectual. En este sentido, la buena literatura para este escritor es aquella que es capaz de transcender en la historia e incluso en diferentes sociedades. No se ubica en posturas extremistas.

La importancia del contexto

En una conferencia realizada en el año 2000, en homenaje al poeta Alfonso Reyes en México, Vargas Llosa afirmó: “A través de la literatura uno puede abrir la conciencia de sus contemporáneos, hacerles ver que viven en sociedades totalmente injustas y dictatoriales que no pueden ver”. La literatura aporta conocimientos y son precisamente estos conocimientos a los que  les temen los dueños de poderes inconfesos. Porque la literatura, aunque parezca inofensiva, también tiene poder. Si  no lo tuviera ¿Por qué se censurarían libros durante la dictadura? Desde la época de la Colonia que en Chile ha existido censura a las publicaciones escritas, tanto literarias como de prensa. En la historia han existido muchos períodos en que la censura a la lectura ha sido muy estricta, años en que leer algo “inapropiado” o tener un libro “prohibido” en tu casa podía costar la vida. La censura masiva más reciente ocurrió en la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1989).

Para ir un poco más lejos, en la historia argentina se advertía en 1852, tras la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas, donde se inicia una etapa dominada por fuertes tensiones entre distintos modos de pensar el nuevo orden nacional, cómo los escritores comienzan a tener un papel importante. En ese marco, los periodistas y políticos Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi entablan una polémica en la que buscan legitimarse como posibles ejecutores de las nuevas políticas estatales. Ambos inician una batalla ideológica que pone en juego modos de leer el pasado nacional, ambiciones políticas y estrategias para construir una nueva realidad argentina. En las Cartas Quillotanas, que le escribe Alberdi a Sarmiento, se expone el papel que cumplían los medios para la caída de Rosas: “El escritor liberal que repitiese hoy el tono, los medios, los tópicos que empleaba en tiempo de Rosas, se llevaría chasco, quedaría aislado y solo escribiría para no ser leído.” Más adelante Alberdi expone que en Sarmiento “la pluma fue una espada”, demostrando que con sus escritos logró que Rosas caiga, como si las palabras fuesen sus herramientas que le sirvieron para cambiar una realidad social.  Aunque sea un modo de ver de Alberdi ¿No demuestra esto la visión de poder que se le da a la literatura?

Sin embargo, para que la literatura despierte algo en sus lectores debe ser comprendida y para eso estar ubicada en un contexto sociohistórico determinado ¿Cómo comprenderíamos de otra manera un texto si  no sabemos cuándo se escribió? Cada obra literaria se sostiene en una cultura dada, en un estado de sociedad y en un momento de la historia que nos sirve saber para aceptar aquello que nos dice el texto ¿Cómo podríamos comprender las atrocidades que se cometieron en Operación Masacre –novela sobre los fusilamientos desarrollados en Argentina, luego de la Revolución Libertadora de uno de los escritores desaparecidos durante la última dictadura militar: Rodolfo Walsh- si no tenemos en cuenta el contexto histórico en el que se desarrolló? No es que el lector moderno no esté de acuerdo con lo que lee porque le parece inaceptable que pase en sus días, sino que entiende que aquello que leyó se produjo en un contexto diferente al suyo.

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El momento en que un escritor se sienta a escribir pone en juego su subjetividad que lógicamente está determinada por sus creencias, movimientos y climas de opinión en el que vive. Uno de los libros que se suelen dar en las escuelas secundarias para que los chicos lean tanto en historia como en literatura es Rebelión en la granja de George Orwell. Esta novela publicada en 1945 se interpretó como una fábula sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin corrompe el socialismo. En resumen la novela cuenta cómo un grupo de animales de una granja expulsa a los humanos que los tratan mal y crean un sistema de gobierno propio que termina por ser más tirano que el de los propios humanos. Vemos cómo juega el papel de la subjetividad en este caso ya que Orwell escribe esto con una postura crítica hacía Stalin siendo el un socialista democrático sobre lo que se vivía en sus tiempos.

Así el libro es utilizado en la escuela como análisis de la corrupción que puede surgir tras toda adquisición de poder. Aunque la intención de Orwell era denunciar a los totalitarismos nazis y soviéticos el libro le sirvió a Estados Unidos como propaganda en contra del comunismo en general. Se puede ver de esta manera, cómo existen escritores que con sus obras sólo quieren expresar lo que ven y terminan teniendo muchas consecuencias políticas que no las pueden manejar.

Literatura Juvenil

Uno de los géneros que se están poniendo de ‘moda’ –si por moda nos referimos a que son los más leídos y comentados en estos últimos años-  entre los jóvenes, por lo menos en occidente, es el género distópico: sociedades futuristas que luego de haber sido devastadas por guerras, cataclismos, desastres naturales y demás, deben formarse nuevamente para salvar a la humanidad. Estados Unidos es uno de los líderes en este género donde en cuánto a contenido nos topamos con características similares  ¿Qué encontramos en esas ‘nuevas sociedades’? Estratos sociales, un gobierno que oprime al pueblo, un pueblo que debe trabajar para que los de la clase que los oprime tengan su pan mientras ellos viven en las desgracias, un gobierno que considera lo que está bien de lo que está mal incluso si  eso significa tener que experimentar con los jóvenes para que los demás puedan vivir en un futuro mejor.

Entre los títulos más conocidos se destacan Los Cien, Los juegos del hambre, Correr o Morir, Divergente, etc. Y si buscamos escritores latinoamericanos también encontramos, como por ejemplo Rebelión de la escritora y profesora argentina Anna K. Franco que relata una historia en el año 2056, después de una Tercera Guerra Mundial. En la sinopsis del libro se lee: “Sin embargo, en este Nuevo Mundo, la perfección es pura apariencia. La Clase Política tiene un poder que la población, anestesiada de felicidad, desconoce.” Otra vez un gobierno dictatorial que será combatido por los protagonistas.

Aunque estos libros tengan la particularidad de hablar de sociedades que todavía no existen, también interesa saber en qué contexto histórico son escritos. Son libros concebidos en sociedades capitalistas donde pareciera que no puede existir otra forma de vida más que no sea esa: la de tener que abastecerse y consumir incluso cuando el mundo está devastado. Y aunque quieran alejarse lo más posible de su realidad, no pueden, siempre hay algo que tiene que ver con el modo de vida que tienen hoy. Por más futurista que sean esas novelas, no se leen ninguna donde los hombres usen pollera, y eso no tiene que ver con que en un futuro no las vayan a usar, sino con que hoy no las usan y en los textos de hoy no van a ser aceptados. También surge otra pregunta: ¿Qué hubiese pasado con una novela hecha en china? ¿Tendría bases capitalistas? Probablemente no, porque su contexto histórico es diferente y con ello su modo de ver el mundo. nature-books-flowers-pictures-hd-desktop-images-8038

Vargas Llosa diría que es incomprobable saber si la literatura cambia sociedades, quizá esto se lo discuta el escritor Javier Ruescas, donde en una de sus últimas novelas juveniles denominado Electro, del genero distópico, presenta una sociedad que debe preservarse de un virus que mató a mucha gente. Para esto encierran a los sobrevivientes en una cúpula bajo la tierra que tiene por objetivo alejar ese virus de las personas. Sin embargo, tras pasar un tiempo bajo esa cúpula, un joven se cansa de que no les den información sobre de qué se trata el virus y qué es lo que los científicos piensan hacer con ellos y, ¿Qué mejor idea para plasmar su descontento que no sea la de escribir un libro? Hijos del ocaso, es el nombre que decide ponerle a su novela contando básicamente la vida de los niños que nacieron bajo la cúpula y las injusticias que se cometían bajo el control de la población por parte del gobierno. Ese libro bastó para generar conciencia en toda la sociedad y se levanten en contra de los científicos y su gobierno.

Si bien es una novela de ficción, Ruescas es uno de los escritores que piensa que con la literatura se puede cambiar al mundo. Así lo plasmó en una conferencia realizada en la última edición de La Feria Internacional de Literatura en Buenos Aires donde afirmó que uno de sus deseos era generar “lectores que estén despiertos sobre todo lo que pasa a su alrededor”. Por lo menos en el mundo que creó dentro de Electro su deseo se hizo posible.

Aunque muchas veces se suele juzgar este tipo de literatura por estar destinada más a mostrarse como espectáculo, por decirlo de alguna manera, más que a exponer grandes ideas o conocimientos, se ve que detrás de todos esos escritos hay una reflexión por parte de esos escritores que no solo piensan en, como diría Vargas Llosa, entretener.

¿Puede la literatura cambiar al mundo?

Para el filósofo francés Jean-Paul Sartre: “Las palabras son actos. Es una acción que desencadena sucesos históricos. Por eso se debe ser responsable, porque lo que se escriba va a tener consecuencias. Hay que comprometerse como escritores”.

A través de la literatura uno puede generar conciencia, como lo hizo Orwell con respecto al poder y Ruescas dentro de su mundo sobre las injusticias que se estaban cometiendo.

Muchas veces se subestima a la literatura, pero ¿cómo se explica entonces que hubo, hay y seguramente habrá escritores, literatos, periodistas, blogueros, etc, amenazados, perseguidos, exiliados, detenidos, censurados en su propio país o en el mundo? Y no solamente censura institucional sino que también la autocensura que se realiza uno mismo a la hora de escribir preguntándose si aquello que piensa está dentro de los límites que se consideran políticamente correctos. Porque el costo a pagar sería demasiado caro, la exclusión, el pasar de largo y enterrar grandes esfuerzos escritos porque no son aceptados. Y en un mundo donde cada vez hay más personas que quieren alimentar su ego y ser famosos, muchas veces no toman esos riesgos y terminan escribiendo no lo que piensan sino lo que piensa que piensan los demás.

Si tantos esfuerzos se hacen por controlar o mutilar la libre expresión a través de la palabra, ¿no será que algún poder conserva? Porque si la literatura tiene la capacidad de cambiar a las personas y son las personas las tienen la capacidad de cambiar al mundo, entonces ¿Puede modificar una realidad? Es una pregunta que muchos no nos animamos a contestar.

 

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